Escrito originalmente el 2 de diciembre de 2004
Primera entrega de tres
Quien piense que el subdesarrollo no es de lo más divertido que nos ha tocado vivir, puede pecar de amargado. La discusión no es si es un tema que debe tomarse en serio o si es algo para entablar un análisis socio-económico; la pregunta radica en que si es a veces peculiarmente cómico o no.
Y cuando el subdesarrollo se vive en primera persona en un país que se precia de ser la mayor potencia del mundo, entonces la cosa es aún más interesante. Una primera potencia que pierde fuerza y la cede al gigante asiático, a un país visto por muchos como retrógrado y que aún cree en los colores rojos heredados del marxismo-leninismo y sobre todo maoismo. Un país del que tal vez admiramos la comida, la tradición, lo milenario, pero del que sabemos muy poco.
Bueno, nadie sabe, ni ellos mismos. Ni los chinos.
Son las nueve y cuarto de la mañana y estamos en el ‘Chinatown’ de Washington D.C. Algunos han dormido minutos y los que sí dormimos, tenemos aún el vapor etílico típico de la resaca o ratón de la fiesta del Día de Acción de Gracias anterior. Nuestro autobús salía a las 8:30, o sea que obviamente lo perdimos.
Los rumores corren entre los latinos economistas celosos de sus carteras, entre la periferia de la capital estadounidense y los suburbios. “Hay unos chinos que tienen unas ‘guaguas’ que uno las coge en ‘dicí’ y por 35 pesos te dejan ida y vuelta en Nueva Yor”.
¡Un ofertón! Si se toma en cuenta que la marca más famosa de buses ‘Greyhound’ normalmente cobra entre 70 y 80 por la misma ruta.
La oficina/terminal es patética. Hay un frío cabrón en la mañana washingtoniana. El termómetro marca unos 40F o 4C así que la única opción es aguantarse el cuchitril en el que uno de los chinos atiende.
Se le explica la situación:
-Mire es que nosotros compramos los boletos por Internet, pero nos dejó el autobús ¿podemos tomar el que le sigue (a las 9:30)?
Responde el chino:
- No, if you ah dont come eaarlieeh you lose ah you money!
Se insiste:
- ¿Pero no hay manera de resolver esto? ¿Cómo es posible que se pierdan 35 dólares así por así?
El chino replica de nuevo:
- I told you! You don’t ah come eaarlieeh you lose you ah ticke… The ticke expaaa-ieeerd! You will haave to buy anotha ticka… 20 one way! 40 rountrip! Do you want? Next bus leave ah at nine tirty!
Con la misma habilidad, el único miembro en el terminal/oficina, cerró la discusión y planteó un nuevo negocio. Mientras tanto, los ocho rezagados nos veíamos las caras y luego discutíamos qué hacer… ¿Pagar más? Porque devolvernos a casa ¡ni locos! Ya estamos aquí ¿no? Total, son sólo 20 pesos, porque aún tenemos el boleto de regreso.
Nos ganó la discusión el chino y el negocio también… “Here is ah you ticka… Bus leaves ah at nine tirty!”
Flaco, como de 1 metro 75, con la cara lánguida y estirada como si la fuerza de gravedad la atrajera hacia abajo. Aprovechó el chino su primer momento de paz después de la discusión y se dejó caer sobre el escritorio, como carajito en posición de descanso; con la faz derecha sobre el brazo del mismo lado que trabajaba como almohada. Hacía sueño, ya eran cerca de las nueve.
Hambre también hacía y por eso la mitad del grupo decidió jugar al riesgo de nuevo. Fuimos a buscar unos sanduchitos. Mayor sorpresa cuando regresamos de caminar la cuadra y media, con desayuno y cafés en mano, en ese intervalo se había llenado la ‘guagua’ de las 9:30 ¡nos volvimos a joder!
Sólo la mitad del grupo: Ingrid, su hijo de cinco años Ian, su mamá Aída y Arnaldo se fueron en ese. Abajo quedábamos pasando frío, pero con el estómago lleno y caliente: Elsie, Johanna, Marinés y Sergio.
Regreso a la oficina y otra pregunta para el chino:
- ¿Y ahora qué? ¿Volvemos a perder la plata?
Más calmado, responde él:
-No, you ah have to wait for next bus! At eleven forty fai
Okey, total ya estábamos allá y bueno, en lo que viéramos el pedazo de autobús ese llegar, pues nos paramos abrazados a la puerta hasta que la abran.
Un microondas blanco, de marca sospechosa, reposa desnivelado sobre dos cajas de cartón también blancas. Al frente, una bicicleta está apoyada de lado, frente a las cajas. Hay papeles viejos marcados con bolígrafos y marcadores gruesos en todas las paredes. Aparentemente son información y horarios, pero sólo quien haya nacido en China o estudiado el idioma lo entiende. Hay un televisor, pequeño, no más de 20 pulgadas, que por alguna razón sólo transmite ‘Home Improvement’, y sigue…
Me orino… ¿qué hago? ¿me arriesgo? Está bien ¿ya estamos aquí? ¿no?
El baño es peor que uno de carretera. Por alguna razón, el jabón es mitad blanco y mitad gris, con pelos, con grumos, como si le hubiera nacido algo. El color del baño es entre ocre y marrón, pero la luz es deficiente. En el espejo no estoy yo, ése es otro tipo que se parece a mí, pero se ve distorsionado. Prefiero salir sin lavarme las manos. Confío más en mi intimidad que en lo que pueda salir por esa tubería.
Salgo, me siento. Marinés ya no soporta mucho más. Si algo detesta en la vida es esperar. Desespérale la espera. Pero afuera no es agradable ir, el termómetro no sube ¡qué frío puñeta! ¡Qué pacheco nojoda!
Se levanta el chino de su silla, se para en medio de la oficina de menos de dos metros de ancha y dice: “Ah ah… um … you ah want a get a cup of coffeee or somesing?”
Nosotros: “No ¿por qué”
Él: “Ah um… because I ah um, I ah have to get a break… ah fol twenty minit… okey?”
Okey… Salimos de la oficina pues. Ah ¡y además nos botan porque el pana necesita un café! ¡en fin! Bueno, por lo menos se apiadó y nos ofreció el riesgo de dejar nuestros bolsos dentro de aquel hueco de la dimensión desconocida. Como seguimos siendo arriesgados, pues ahí los dejamos y nos fuimos a conocer más de Washington.
De regreso, todo estaba completo y el autobús anunciado para las 11:45, el que nos tocaba tomar, ya estaba ahí. Teníamos cuatro horas y media de viaje enfrente. Al fin, en paz, podremos descansar en los cómodos asientos; podremos encontrarnos allá con Ingrid y Arnaldo y Aída y Ian… ¡Al fin! ¡Que se joda ese chino cabrón! ¡Ya nos vamos!
Aparte de arriesgados… Inocentes…
– La segunda entrega viene en unos días…


‘niaaaoooo !!!
jejeje está buena la narración